El buen uso de la Internet

July 6th, 2007 by rachel

Uno de los principales problemas que enfrenta la comunidad universitaria es el proceso de recepción, procesamiento y utilización de la inmensidad de datos disponible en
la Internet. Esta herramienta constituyó la última gran revolución en el campo de la comunicación, y por ende en el ser humano, pues anuló todo límite de tipo temporal y geográfico. Desde que apareció, no importó estar en el lugar más alejado del mundo para transmitir una noticia ni ser hijos de la generación Y para conocer nuestro pasado, sintetizado en algunas páginas Web. Pero ésa es sólo una de sus caras.

La sobreinformación a la que estamos expuestos quienes tenemos el desafío de ser estudiantes está en crecimiento. Por allí, un futurista señaló que la verdadera dificultad con que se topa nuestra era es la creación de mecanismos que tornen útiles todos los conocimientos que encontramos en la red de redes. Y no es tarea fácil. Los datos están allí, inamovibles, abundantes, esperando cibernavegadores capaces de no marearse en este océano y remar con mucho raciocinio. A continuación, la primera realidad que cae en mente.

Muchos estudiantes somos encargados de realizar tareas o asignaciones de investigación. Todo el tiempo nos piden indagar, buscar más detalles sobre los temas abordados en clase y ejemplificar los conceptos adquiridos. Todo el tiempo piden que procesemos, que pensemos. ¿Lo hacemos? Si no fuera así, ¿Qué nos estimula a no hacerlo? ¿Qué nos da la seguridad de aprobar un curso sin tener que leer libro alguno? La otra cara de
la Internet.

El famoso ‘copy and paste’ (copiar y pegar), símbolo del último gran facilismo, facilita (valga la redundancia) las cosas. Nos distancia de tener que usar la razón. De tener que esforzarnos. Es un mecanismo por el que robamos ideas de personas que sí piensan y otras que comunican asuntos improbables. El hecho de que cualquiera de nosotros pueda modificar la información virtual hace peligrosa la confianza y religiosidad que muchos universitarios le tienen a este mar de ideas.

En este terreno, algunos docentes no están correctamente preparados para afrontar el problema: unos se mimetizan con el supuesto de que la red de redes es la salvación que el mundo necesita y otros reniegan, pero finalmente aceptan el uso mediocre y emotivo de esta herramienta. Y esto es riesgoso, pues es como la verdad. No olvidemos que el ministro de información del nazismo de Hitler, Joseph Goebbels, construyó unas palabras con cínica hermosura: “Miente, miente, miente, que algo va a quedar”. Y quedó. Así, aquello que en un principio nos parece anormal, con el tiempo, lentamente, puede posicionarse como algo normal. Cuidado.

La incidencia de las concepciones paternas en la educación de los hijos es muy determinante. Es cierto que mucho empieza en casa, pero también que los seres humanos aprendemos a ser ociosos, responsables o amorosos. Aprendemos. “Y lo que se aprende se desaprende”, dice un postulado de la psicología cognitivo-conductual. Es tiempo de reflexionar sobre nuestras acciones y la utilización que hacemos de esa invaluable ayuda que es
la Internet. El valor de todo instrumento depende de su uso: un martillo sirve para clavar un clavo como para herir a alguien. ¿La red de redes te está haciendo libre? Meditación.

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